La marihuana desborda el almacén central de drogas de los Mossos
Ni siquiera la llegada del helicóptero de los agentes rurales, con la trituradora en volandas para echar un cable a los Mossos, resolvía el problema de los policías. Llevaban meses escuchando teléfonos, siguiendo a sospechosos, y andando entre senderos y riachuelos para acabar con un cultivo de marihuana en alta montaña. Entonces, en 2023, tiraban de imaginación para no pasarse un día entero cortando a mano plantas de medio metro y apestando a porro. Para atajar una situación insostenible, ese mismo año empezó una prueba piloto de los Mossos para triturar y guardar la marihuana intervenida en bidones en un gran almacén central de drogas (Magatzem Central de Substàncies Estupefaents (MACSE)) en Nou Barris, en Barcelona, a la espera de su destrucción. Tres años después, con Cataluña convertida en la huerta de Europa, la marihuana ha desbordado los planes de los Mossos d’Esquadra. Las constantes incautaciones, la demora en los análisis y la espera a la autorización judicial han saturado la que debía ser la gran solución para almacenar la droga antes de destruirla en Cataluña, según fuentes policiales. De media, tardan entre un año y un año y medio en destruir las aprehensiones. Los Mossos confían en que el avance de las nuevas tecnologías desatasque el embudo.
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