De unas semanas a medio año: así es la carrera de fondo para ser becario en un gran despacho

Un estudiante de Derecho envía su candidatura para fichar por un despacho de abogados. Entra en el proceso de selección. Primero tiene una entrevista con Recursos Humanos. Después, toca exhibir sus conocimientos en un caso práctico; también debe mostrar sus dotes de inglés en otra prueba. Llega la entrevista con un asociado. Si todo sale bien, tiene otro encuentro con el socio, que rara vez encuentra hueco en la agenda. Entre una fase y otra pasan semanas, a veces meses. Y, cuando por fin llega la respuesta, ya ha pasado la mitad del curso.
Lo que buscan los bufetes
Formación sólida. La primera criba sigue centrada en los elementos clásicos: buen expediente, formación jurídica consistente, nivel alto de inglés y su nivel de razonamiento. “Se evalúan aspectos como la capacidad analítica, la adaptación a entornos exigentes, las habilidades interpersonales y el potencial de desarrollo profesional”, explica Mónica Moser, consultora de iurisTalent. Según la experta, los despachos buscan candidatos con “una sólida formación jurídica, orientación al cliente, capacidad comercial, productividad o aptitud para el trabajo en equipo”.
Resolutivo. Los bufetes no buscan al candidato perfecto, sino el mejor talento que sea capaz de sacar las castañas del fuego. “Cuando un socio entrevista a un estudiante, en realidad está intentando responder a una pregunta mucho más profunda: ¿podría imaginarme trabajando con esta persona dentro de unos años? ¿Podría confiar en ella ante un cliente, dentro de un equipo o en un asunto importante?”, plantea Rocío Noguera, directora de Legal Talents. Esa es la cuestión que buscan responder los directivos a la hora de contratar.
Más que un currículum. Los despachos ya no se fijan tanto en la trayectoria del candidato. “Las prácticas realizadas, las experiencias internacionales, la participación en proyectos o las decisiones que ha tomado durante la universidad no son importantes por sí mismas; son pistas que ayudan a entender quién es esa persona y qué profesional puede llegar a ser”, explica Noguera. “Al final, los despachos no contratan currículums; contratan personas”, resume. Por ello, concluye, el verdadero reto no es identificar quién es hoy un buen estudiante, sino quién puede convertirse en un gran abogado.
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