Muere la artista japonesa Yayoi Kusama, famosa por sus lunares, a los 97 años
La artista japonesa Yayoi Kusama, conocida por sus esculturas e instalaciones en todo el mundo, ha muerto a los 97 años.
Kusama murió el 14 de agosto en un hospital de Tokio, informó su estudio este jueves. La causa de la muerte no se ha hecho pública.
"Siguió pintando hasta sus últimos días, sin apartar nunca el pincel, y prosiguió la exploración del amor eterno y el alma infinita", señalaba el comunicado del estudio. "Cumpliremos los deseos de Kusama y, a través del arte, seguiremos llevando esperanza y fuerza para el futuro a personas de todo el mundo".
Kusama fue conocida sobre todo por sus obras coloridas y psicodélicas, con patrones repetitivos, en especial sus característicos lunares. Sus trabajos se exhiben en los principales museos del mundo.
"Los lunares son fabulosos", dijo Kusama en una entrevista de 2012 con The Associated Press, en la que aparecía con su característica melena corta naranja y un atuendo de lunares.
"Quiero crear mil cuadros, quizá dos mil cuadros, tantos como pueda pintar", dijo con un tono infantil pero directo. "Seguiré pintando hasta que muera".
Kusama explicó que sus característicos lunares reflejaban las alucinaciones que sufría desde la infancia. Pese a pasar años en instituciones psiquiátricas, siguió una carrera internacional y se trasladó a Nueva York en 1957.
Cuando Kusama llegó a Nueva York, el 'action painting' dominaba la escena artística, mientras que sus distintivos lunares quedaban al margen de la corriente principal. Vivió años de pobreza y anonimato, pero siguió desarrollando su estilo.
A finales de la década de 1960, ganó atención con performances antibélicas tipo 'happening' y entabló amistad con artistas como Andy Warhol, Georgia O'Keeffe y Joseph Cornell.
Entre sus obras figuran 'Macaroni Girl', que explora el miedo a la comida, las esculturas de tulipanes gigantes 'The Visionary Flowers' y la instalación de espejos 'Mirrored Corridor'.
En sus últimos años, Kusama alcanzó fama mundial, colaboró con marcas de moda como Louis Vuitton y estampó sus diseños característicos en productos como ropa, tazas y accesorios.
Entre sus logros, una de las obras de Kusama se vendió por 5,8 millones de dólares (4,9 millones de euros) en una subasta de Christie's en 2008. En 2016, recibió la prestigiosa Orden de la Cultura de Japón, que reconoce su contribución al arte.
Kusama, que también ha realizado películas y publicado varias novelas, decía que no sabía muy bien de dónde surgían sus ideas. Simplemente tomaba el pincel y empezaba a pintar. El proceso era tan misterioso que a veces ella misma se sorprendía, contó a 'AP'.
"Pienso 'Ah, ¿he dibujado eso? Estaba pensando en eso'", dijo.
Conocida por su carácter tranquilo y tímido, Kusama se mantuvo fiel a su estilo distintivo durante décadas y llevó su arte a públicos de todo el mundo.
Kusama aceptó la atención y los elogios que recibía su arte, aunque siguió siendo una mezcla de vulnerabilidad y desafío. Se definía como "una revolucionaria artística", pero también confesaba "Tengo muchísimo miedo, todo el tiempo, de todo".
"Siento que me queda poco de vida, pero sigo luchando hasta el final por mi arte", dijo. "Estoy entregando todo lo que tengo para que mucha gente siga interesándose por mi arte incluso después de que haya muerto".
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