"Me arrepiento": los sirios que regresaron tras la caída de Al Assad se topan con una dura realidad
Casi dos años después de la caída de Bashar al Assad, los sirios que se apresuraron a regresar empiezan a descubrir que lo que dejaron atrás ya no se parece a lo que recuerdan, y que volver a un país recién salido de la guerra plantea sus propios desafíos.
"Me arrepiento de haber vuelto", contó Samer a 'Euronews'. "En Turquía ganaba alrededor de 1.000 dólares (850 euros). Hoy mis ingresos no superan los 250-300 dólares (210-255 euros)".
Samer* volvió de Turquía tras la caída del régimen de Al Assad. Su compañero Mustafa regresó de Egipto al mismo tiempo. Trabajan codo con codo en la misma barbería de Damasco, pero han llegado a conclusiones opuestas sobre si tomaron la decisión correcta.
Mustafa vive en la casa familiar y no paga alquiler. Ha vuelto a trabajar para el barbero que le formó. Allí gana unos 300 dólares (255 euros) al mes, aproximadamente el doble de lo que le quedaba después de que el alquiler en El Cairo se comiera todo su salario egipcio. No se arrepiente de haber regresado.
Samer sí. "Mi sueño es poder comprar una moto por 400 dólares (340 euros), y todavía no puedo, solo para ahorrar en los costes del transporte", dijo. "Me he topado con una realidad muy dura. Las barberías aquí no ofrecen los servicios que yo prestaba, y los salarios son tan bajos que ni siquiera cubren el coste de ir desde mi casa en Maraba, en la campiña de Damasco, hasta el barrio de Mezzeh, en pleno centro de la capital, unos 20 km de distancia", explicó.
"Mi vida entera ha cambiado, el coste de la vida es elevado, las infraestructuras son débiles y los cortes de luz son constantes, y la electricidad es esencial para el trabajo de un barbero". La caída del poder de Al Assad en diciembre de 2024 desencadenó uno de los retornos masivos de refugiados y desplazados más rápidos de la historia reciente.
A finales de mayo de 2026, Acnur contabilizaba aproximadamente 1,67 millones de sirios que habían regresado desde países vecinos, junto a 1,92 millones de desplazados internos que habían vuelto a sus lugares de origen. En total, casi 3,6 millones de personas, en su mayoría en Alepo, Idlib, las zonas rurales próximas a Damasco y la propia capital.
Todos han regresado a un país que, según el Banco Mundial, ha sufrido daños físicos directos valorados en 108.000 millones de dólares (92.400 millones de euros), con necesidades de reconstrucción de unos 216.000 millones (184.900 millones de euros), alrededor de diez veces el PIB total de Siria en 2024.
Las viviendas siguen dañadas o destruidas, los cortes de electricidad son frecuentes, la administración civil funciona mal y el empleo formal es escaso.
Atrapados entre dos mundos
Mawia al Shaer regresó de Alemania con sus tres hijos, el mayor tiene 10 años, el pequeño 6. Todos habían estudiado en alemán, pero ahora están en colegios de enseñanza en árabe siguiendo un plan de estudios que nunca habían visto.
"Hay una gran diferencia entre la educación en Siria y en Alemania", dijo al Shaer a 'Euronews'. "Aquí los colegios privados son extremadamente caros, mientras que en Alemania el servicio era gratuito".
Los colegios privados de Damasco cobran al menos 2.000 dólares por alumno y año. Las escuelas públicas están masificadas. Al Shaer no puede permitirse los primeros y no confía en las segundas.
"Esto hará que mis hijos se sientan retraídos, con miedo y sin ganas de ir al colegio", afirmó. "Todo les cambiará, las aulas abarrotadas, su incapacidad para expresarse, lo que puede exponerles al acoso o a prejuicios de clase por el idioma y la forma de pensar diferente que adquirieron en Alemania", añadió al Shaer.
Ahora desearía haber visitado a sus familiares y haber vuelto a Alemania antes de que empezara el nuevo curso escolar.
Amer Hassan llegó de Alemania con más de 45.000 dólares (38.500 euros) ahorrados. Quería abrir un restaurante. Pagó el alquiler, empezó a acondicionar el local y se quedó sin dinero antes de poder inaugurarlo. "Avancé aproximadamente hasta la mitad y luego todo se detuvo", contó Hassan a 'Euronews'. "No pude completar lo que había soñado".
"Si hubiera estado en Alemania, habría recibido apoyo del Gobierno en forma de préstamos, y con la mitad del dinero que gasté podría haber puesto en marcha el negocio", añadió.
"Los alquileres son extremadamente altos, y los costes de mano de obra también son elevados. He vuelto a la casilla de salida". Tiene la ciudadanía alemana y asegura que planea regresar. "Volveré e intentaré empezar de nuevo allí", explicó Hassan. "Aquí me he quedado sin opciones y he perdido lo que había construido durante mi estancia y mi asilo en Europa".
Fares Ibrahim y su esposa Lida regresaron de Suecia y abrieron un taller de costura en el barrio de Shaalan, en Damasco.
Invirtieron 10.000 dólares (8.500 euros) en el alquiler y 5.000 (4.250 euros) en equipamiento. Seis meses después, habían obtenido menos de 1.000 dólares (850 euros) de beneficios, así que se vieron obligados a cerrar el negocio. "Ahora buscamos un local en una zona rural donde el alquiler sea más bajo, para poder volver a levantarnos", explicó Ibrahim a 'Euronews'.
El muro de la burocracia
Munir es profesor y regresó desde Jordania. Lleva meses intentando conseguir una plaza a través del Ministerio de Educación sirio, pero no ha logrado nada.
"Cada mes llamo a las puertas del Ministerio o de la dirección de Educación para ver si han tramitado mi nombramiento, pero en vano", dijo Munir a 'Euronews'. "Nunca hay respuesta, cada vez hay una excusa diferente". Ha dejado de esperar y se ha dedicado a la agricultura.
"Ahora he dejado de enseñar y trabajo la tierra, cultivo y siembro solo para poder subsistir", explicó. "He dejado a un lado mi experiencia y los años de estudio en Jordania, y desearía poder trabajar en Siria en lugar de tener que pensar en viajar en busca de un puesto docente en buenos colegios que también paguen salarios dignos".
Said Mahrouz volvió de Suecia con un máster en ingeniería informática. Los primeros ocho meses, según cuenta, "fueron un infierno". Vendió las joyas de su madre para reunir capital, pasó meses con licencias y trámites y en un momento dado llegó a plantearse regresar.
Hoy dirige una pequeña empresa de programación y redes. "El mercado sirio necesita muchas cosas, pero primero hay que entenderlo", señala. "El negocio ha empezado a estabilizarse, y ahora solo me planteo viajar para asistir a ferias internacionales que puedan ayudar a desarrollar mi empresa".
Kamal Kikhiya lleva 15 años viviendo en Alemania. Ha hablado con amigos y familiares que regresaron. Ha decidido no seguir su ejemplo. "Todos sienten arrepentimiento. Algunos volvieron a pueblos destruidos, otros ni siquiera consiguieron abrir un pequeño supermercado", explicó Kikhiya a 'Euronews'.
Tiene un hijo de 6 años en un colegio alemán. "No puedo jugarme el futuro de mi familia en un país cuyo futuro sigue siendo tan incierto".
*'Euronews' ha utilizado nombres de pila o seudónimos para Samer, Mustafa y Munir a petición de ellos, para proteger su privacidad y su seguridad personal.
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