Nvidia y el dilema sobre la burbuja de la IA en Bolsa

Ninguna empresa en la historia ha generado tanto valor para los accionistas como Nvidia, el gigante estadounidense de chips cuya capitalización asciende estos días a unos 4,4 billones de dólares. “Su ascenso ha sido tan rápido que los inversores aún pronuncian mal su nombre”, ironizaba hace algún tiempo The Economist. Su espectacular crecimiento ha batido todos los récords, incluso pese a que su fundador, Jensen Huang, diga que la IA no funciona de manera muy distinta a como lo hace un microondas. Esta semana, tras la presentación de resultados del miércoles, el fabricante de chips —cuyos ingresos, de 47.000 millones, crecieron un nada despreciable 56%, algo parecido a lo que avanzó su beneficio— llegó a sufrir caídas del 5% en Bolsa. El pesimismo tuvo que ver básicamente con cómo los inversores están manejando las expectativas, porque la guerra comercial puede arruinar el negocio de la empresa en China y porque sus grandes clientes están invirtiendo en sus propios chips, así que con el tiempo podrían depender menos de Nvidia. También hay muchas dudas sobre si sus superchips de IA y unidades de procesamiento gráfico van a llegar a colapsar la red eléctrica en EE UU, el principal mercado del grupo, a medida que entren en funcionamiento.
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