La guerra en las sombras: ¿Cómo Israel penetró la seguridad iraní?

El 16 de junio, en el cuarto día de la guerra entre Irán e Israel, una reunión de emergencia del Consejo Supremo de Seguridad Nacional iraní se convirtió en el símbolo de una vulnerabilidad devastadora.
La cita, celebrada en un búnker subterráneo a 30 metros bajo una montaña al oeste de Teherán, reunía a los más altos dignatarios del régimen: el presidente Masoud Pezeshkian, el jefe del poder judicial Gholamhossein Mohseni-Azhei, y varios comandantes militares recién nombrados que habían reemplazado a funcionarios muertos en ataques previos.
A pesar de las extremas medidas de seguridad (llegada en vehículos separados, prohibición de teléfonos móviles para los asistentes) los cazas israelíes lanzaron seis bombas precisas sobre el búnker, atacando las puertas de entrada y salida. Milagrosamente, ninguno de los dirigentes murió, pero varios guardaespaldas perdieron la vida.
Cuando los supervivientes emergieron de los escombros, cavando con sus propias manos a través de una estrecha abertura, se enfrentaron a una realidad aterradora: Israel había localizado su reunión más secreta.
La brecha fatal: Los teléfonos de los guardaespaldas
La investigación posterior reveló una falla de seguridad crítica que había pasado desapercibida durante meses. Aunque los altos funcionarios iraníes habían abandonado el uso de dispositivos móviles por temor al rastreo israelí, sus guardaespaldas seguían portando teléfonos que utilizaban incluso para redes sociales. Israel había explotado precisamente esta vulnerabilidad, hackeando los dispositivos de los escoltas que esperaban fuera del refugio.
Sussan Karimi, antigua vicepresidenta de asuntos estratégicos de la Universidad de Teherán, explicó la magnitud del problema: "Sabemos que los funcionarios y altos mandos no llevaban teléfonos móviles, pero sus compañeros, guardaespaldas y conductores sí los tenían y no tomaban las precauciones necesarias."
Esta brecha había permitido a Israel ejecutar la Operación Narnia, un plan militar diseñado para eliminar científicos nucleares iraníes en los primeros días del conflicto. De una lista inicial de 400 científicos vinculados al programa nuclear iraní, Israel había reducido los objetivos a 100, utilizando archivos robados por el Mossad en 2018. Al final, Irán confirmó el asesinato de 13 científicos, incluyendo figuras prominentes como Mohammad Mehdi Tehranchi y Fereydoun Abbasi.
La purga y las consecuencias
El éxito de las operaciones israelíes expuso una infiltración que, según admitió el exviceministro Mustafa Hashemitaba, "ha alcanzado los niveles más altos de nuestra toma de decisiones". La respuesta iraní fue inmediata y severa: ejecutaron a la científica nuclear Rozbeh Wadi, acusada de espiar para Israel, y detuvieron a decenas de personas de los departamentos militares, de inteligencia y gubernamentales.
Las autoridades iraníes implementaron nuevas medidas draconianas: prohibición total de teléfonos inteligentes para altos mandos militares, científicos nucleares y funcionarios gubernamentales, y una revisión completa de los protocolos de seguridad. Los guardaespaldas, ahora bajo sospecha constante, solo pueden usar dispositivos inalámbricos básicos, y únicamente las brigadas que no viajen con oficiales pueden portar teléfonos móviles.
El analista Hamza Safavi, hijo de un alto asesor del ayatolá Jamenei, describió la situación como una amenaza existencial: "Tenemos una enorme debilidad en materia de seguridad e inteligencia y no hay nada más urgente que reparar este agujero."
Paradójicamente, Israel había convertido las propias medidas de seguridad iraníes en su debilidad. Como explicó un funcionario de defensa israelí: "El uso de tantos protectores fue una debilidad que les impusimos y que pudimos aprovechar." La guerra en las sombras entre ambos países había tomado un nuevo rumbo, donde la tecnología móvil se convirtió en el talón de Aquiles de uno de los regímenes más paranoicos del mundo.
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