El país más caro del mundo se acerca a la UE empujado por el alto coste de la vida

Seis tomates pequeños, 980 coronas, casi siete euros al cambio. Una hamburguesa en un local de lo más sencillo, 28 euros. Una prosaica pizza pepperoni para llevar, más de 22. Una postal de los inconfundibles —y preciosos— fiordos islandeses, casi cinco. Visitar estos días Reikiavik —y, ni que decir tiene, los rincones más turísticos del país nórdico— es una actividad de riesgo para el bolsillo. Sobre la remota y rica isla, que el sábado que viene celebra una consulta clave para su adhesión a la Unión Europea, pesa desde la pasada primavera la etiqueta del país más caro del mundo. Ni Suiza, que le va a la zaga; ni Noruega; ni las islas del Caribe en las que han echado raíces algunas de las mayores fortunas estadounidenses: los precios más altos del planeta están en esta remota ínsula en mitad del Atlántico, según los cálculos del sindicato Viska. Es el país rico más golpeado por la inflación en el último medio siglo.
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