Europa, ante el riesgo de mantener su dependencia de EE.UU. en aviación militar

La Unión Europea (UE) está inmersa en una carrera de rearme. La invasión de Ucrania por parte de Rusia y el distanciamiento de Estados Unidos del Viejo Continente impulsan a los Veintisiete a reforzar su autonomía estratégica. Pero Europa aún no está en condiciones de defenderse y sigue dependiendo en gran medida del equipamiento estadounidense. Entre 2020 y 2024, Estados Unidos representará el 53% de las importaciones europeas de Defensa. Casi todo el continente cuenta con equipos estadounidenses.
Sin embargo, Europa tiene una fuerte industria de defensa aeroespacial, con el Rafale francés, el Gripen sueco y el Eurofighter Typhoon, producido por un consorcio formado por el Reino Unido, Alemania, Italia y España. Pero el F-35 estadounidense de Lockheed Martin se está haciendo un hueco en las fuerzas de Europa. Italia ha encargado 90 aviones, Alemania 35, Bélgica 34 y Polonia 32. En total, Europa podrá contar con 200 aviones estadounidenses más en los próximos años, a riesgo de mantener una dependencia estratégica.
"Existe una forma de dependencia porque se trata de un avión muy sofisticado que requiere mucho mantenimiento. Esto significa que hay que sustituir piezas con regularidad. La cadena de suministro que produce estas piezas está gestionada por Lockheed Martin en Estados Unidos", explica Christophe Wasinski, profesor del Centro de Investigación y Estudios de Política Internacional de la Universidad Libre de Bruselas (ULB).
"La sustitución de los cazabombarderos más antiguos ha sido objeto de un gran debate, sobre todo en Bélgica y luego en otros países europeos. En cualquier caso, Estados Unidos ha presionado mucho para que el F-35 sea adquirido por muchos de sus aliados", añade el profesor.
Las ventajas del F-35
Los aviones estadounidenses tienen una serie de ventajas. Estados Unidos constituye la columna vertebral de la OTAN, y el uso de material estadounidense garantiza una mayor interoperabilidad con los Ejércitos europeos. También existe una dimensión política. Comprar aviones al otro lado del Atlántico también demuestra nuestro compromiso con Washington.
Además, la tecnología estadounidense tiene ventajas sobre los aviones europeos. "A pesar de todo, los estadounidenses dominan tecnologías, sobre todo en materia de sigilo, que los europeos aún no dominan", señala Alain De Neve, investigador del Instituto Real Superior de Defensa. "La cuestión es obviamente si el sigilo es absolutamente esencial para las operaciones de combate modernas, o si podemos prescindir de él y confiar en aviones capaces de un alto nivel de discreción", se pregunta.
"Dicho esto, nosotros (los europeos) también podemos tener capacidades de combate que son menos costosas y más prescindibles", añade. También se plantean dudas sobre si Washington podría reservarse la capacidad de inmovilizar sus aviones. El uso de este 'interruptor de desactivación' podría asestar un duro golpe a la fiabilidad estadounidense y a las lucrativas exportaciones de su industria militar.
La apuesta europea por reforzar la Defensa
Para permitir a la Unión Europea reforzar su autonomía estratégica y militar, la Comisión Europea presentó a principios de marzo su plan Rearmar Europa, un término que será rebautizado como Preparación 2030 tras recibir críticas de países como España e Italia. En los próximos años, el proyecto debería movilizar cerca de 800.000 millones de euros.
Pero a Christophe Wasinski no le convence centrarse únicamente en este enfoque financiero e industrial. "No creo que simplemente inyectando miles, decenas o cientos de miles de millones de euros se consiga una política común de seguridad y defensa", subraya el profesor de la ULB. "Creo que tiene que empezar con debates políticos sobre lo que queremos hacer con las fuerzas armadas y también sobre lo que queremos hacer con lo que ya existe, porque ya hay capacidades en los arsenales europeos".
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